Mi forma de trabajar

Creo en el potencial que cada persona tiene dentro, sabiendo que estamos en constante evolución y que tenemos la posibilidad de alcanzar la autorrealización.

Características del enfoque humanista

¿Qué caracteriza a un proceso de coaching humanista?

La visión central del humanismo es optimista y centrada en la persona: eso hace que me guste especialmente trabajar partiendo de aquello en lo que cada cual es mejor, respetando siempre su sistema de valores y su contexto. En el proceso de coaching, esto se traduce en acompañar sin juzgar, creer en el potencial del otro y facilitar su autodescubrimiento. Por parte del coachee, se requiere compromiso con el proceso: el éxito está en lo que haga entre sesiones.

Lo que pretendo es servir a las personas para que puedan acercarse cada vez más a la realización de sus deseos, siendo auténticos y tratando de que todos los implicados puedan ganar.

Confianza

Confianza en el potencial individual

El Coach acompaña al cliente desde la confianza en su capacidad para encontrar sus propias respuestas.

Autodescubrimiento

Acompañamiento sin juicio

No se centra en “arreglar” ni en dirigir, sino en facilitar el proceso de autodescubrimiento y responsabilidad personal.

Autenticidad

Autenticidad y beneficio compartido

Se centra en el aquí y ahora, en la experiencia subjetiva y en la autenticidad.

Valores

Compromiso activo del coachee

Se busca que la persona conecte con su propósito, valores y sentido de vida al acercarse a sus metas, no solo cambiar conductas superficialmente.

¿Quieres saber más sobre el humanismo?

La corriente humanista es la raíz filosófica y psicológica de buena parte del coaching moderno. Nace de la psicología humanista de los años 50 (Carl Rogers, Abraham Maslow, Viktor Frankl), que puso el foco en la persona como un ser libre, responsable y con potencial para autorrealizarse. Su visión central es optimista y centrada en la persona: considera que cada ser humano tiene un potencial innato para desarrollarse, crecer y vivir de manera plena y auténtica. Desde esta mirada, el coaching se convierte en un espacio de encuentro auténtico, donde el Coach acompaña al Coachee en su propio proceso de descubrimiento y crecimiento.

La corriente humanista pone al ser humano en el centro, no como alguien que debe ser “corregido”, sino como un ser íntegro y en constante evolución.

  • El coaching humanista busca ser, no tanto hacer. Se centra en la persona completa, y no solo en sus objetivos o resultados. Tiene su origen en la psicología humanista y ve al ser humano como alguien libre, responsable y con tendencial al crecimiento. El rol del Coach es de acompañante empático, que no juzga y facilita el autodescubrimiento. Busca el desarrollo integral, la autenticidad y la autorrealización.
  • El coaching ontológico pone el foco en el lenguaje y la interpretación, ayudando a cambiar el modo en que el Coachee observa su mundo. Tiene su origen en la filosofía del lenguaje y ve a la persona como ser interpretativo, que crea su realidad a través del lenguaje. El rol del Coach es de observador del lenguaje y las emociones. Busca transformar cómo el Coachee interpreta su mundo.
  • El coaching con base en PNL se orienta al cómo cambiar patrones mentales y emocionales para generar comportamientos más efectivos. Tiene su origen en la Programación Neurolingüística, y ve al cliente como un ser programable, que puede reestructurar sus patrones mentales y conductuales. El rol del Coach es el de un técnico del cambio, un guía de reprogramación.
  • Otras corrientes: sistémica, transpersonal, existencial…